Un clima de extrema tensión política campeaba en España. El triunfo del Frente Popular (coalición de socialistas, republicanos, comunistas, y otros) en las elecciones parlamentarias de febrero de 1936 sobre el Frente Nacional (conservadores y monárquicos) polarizó aun más las cosas. Eran tiempos de la Segunda República Española, la experiencia institucional y política que sucedió a la monarquía, tras la constitución democrática de 1931. Huelgas, protestas, enfrentamientos callejeros, avances y retrocesos en las legislaciones, asesinatos a políticos, diferencias graves en el propio oficialismo, acciones contrarrevolucionarias de la oposición. La sociedad española era fundamentalmente rural, y apenas si había experimentado los avances de la revolución industrial. Europa se debatía entre las gravísimas secuelas de la Primera Guerra y nuevos horizontes más críticos: con Adolfo Hitler en el poder, Alemania empujaba a una nueva conflagración.

En la madrugada del 19 de julio de 1936 un pequeño avión aterrizó en el aeropuerto de Tetuán, la capital del protectorado español de Marruecos. A bordo se encontraba un hombre pequeño de estatura, que en las décadas siguientes regiría con mano férrea los destinos del país: Francisco Franco Bahamonde. Estaba a cargo de la gobernación militar de las Islas Canarias y se trasladó al norte de África para ponerse al frente de una rebelión militar contra el gobierno del Frente Popular en Madrid que había estallado el 17 de julio. Fue el levantamiento que dio inicio, al día siguiente, a una devastadora guerra civil que se prolongaría durante tres años y que dejaría cerca de un millón de muertos.

El detonante de esa rebelión fue el asesinato, el 13 de julio de 1936, del político monarquista José Calvo Sotelo a manos de pistoleros socialistas. Empero, las causas profundas del conflicto armado estaban relacionadas con el progresivo fracaso de la Segunda República para controlar la situación social, económica y política del país.

El nuevo gobierno de izquierda surgido tras los comicios de 1936 comenzó a instaurar reformas sociales y económicas, que un régimen anterior había dejado caer. Varias agrupaciones de izquierda formaron milicias que lanzaron ataques sobre todo contra instituciones de la poderosa Iglesia Católica. También las fuerzas derechistas, tales como los monarquistas y los falangistas, apoyados por los grandes terratenientes, comenzaron a armarse y reclamaron la intervención del ejército para poner fin a la situación de caos y anarquía en el país. El 17 de julio de 1936, un grupo de oficiales destacados en Marruecos se levantó contra el Gobierno nacional. Al día siguiente, el levantamiento se trasladó a la península. El Gobierno reaccionó reconstruyendo un ejército de leales y de milicianos. En pocas semanas, los militares alzados y sus aliados monárquicos y fascistas, que juntos integraban el bando de los "nacionalistas", lograron hacerse con el control de amplias regiones de España. El 1 de octubre Franco fue proclamado "jefe de Estado". En noviembre, el gobierno nacionalista fue reconocido por Alemania e Italia, que enviaron armas, aviones, soldados y voluntarios para apoyar a Franco. Los republicanos consiguieron ayuda militar de Francia y de la Unión Soviética. De todas partes del mundo llegaron a España simpatizantes de la República para luchar, como integrantes de las famosas "Brigadas Internacionales", contra el "fascismo".

Las tropas nacionalistas esperaban una rápida victoria pero se toparon con una enconada resistencia en las provincias vascas y en Cataluña, y especialmente en Barcelona y Madrid, los principales bastiones republicanos. Ambos bandos cometieron durante la guerra atrocidades, como ejecuciones colectivas y ataques indiscriminados contra civiles. Los republicanos no solo combatían a los nacionalistas, sino que en sus filas se desató una feroz lucha por el poder entre comunistas prosoviéticos, por un lado, y anarquistas y trotskistas, por el otro.

Como símbolo de los horrores de la Guerra Civil Española pasaría a la historia el bombardeo de alfombra con el que aviones de la Legión Condor de Alemania destruyeron totalmente, en abril de 1937, la pequeña ciudad vasca de Guernica. El pintor malagueño Pablo Picasso plasmó el acto de barbarie en su monumental "Guernica".

Cuando Barcelona cayó en manos de los nacionalistas en enero de 1939, la resistencia de los republicanos había recibido un golpe mortal. A finales de marzo, las tropas franquistas (los nacionales) entraron en Madrid, hasta entonces un feudo republicano inexpugnable. El 1º de abril de 1939 comenzó una dictadura de derecha que se mantendría en el poder durante largas décadas, hasta la muerte de Franco, en noviembre de 1975. La guerra civil dejó un profundo trauma en la sociedad española. Hasta hoy, siete décadas después, esas heridas no se han cerrado totalmente. (Especial y DPA)